Cambio climático, hambre y migración
Las sequías afectan cultivos de sorgo en el norte de México
En América y en todo el mundo la crisis alimentaria es ya una realidad. Mientras la comida se hace más escasa y costosa, hay más bocas para alimentar. La población mundial actual es de 6,800 millones de personas, y se estima que en 2050 esta cifra superará los 9,000 millones.
Así como aumenta la población, crece el hambre. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, calcula que “el número de hambrientos” en el mundo podría incrementarse en 2009 en 100 millones de personas, y superar la marca de los mil millones.
En países como México la crisis alimentaria va directamente relacionada con el cambio climático. El pasado mes de agosto, la Confederación Nacional Campesina (CNC) declaró al diario La Jornada, que México estaba al borde de una crisis alimentaria debido a las sequías prolongadas, y advirtió que la escasez de agua había empezado a generar incluso pugnas sociales.
Así lo confirma Gumaro Santana, propietario de varias parcelas en el ejido* El Peñón, en el municipio de Jiménez, Tamaulipas, al norte de México, donde la falta de lluvias el último año ha echado a perder varias cosechas de sorgo. Las consecuencias se reflejan en la disminución de casi el 50 por ciento de toneladas que se han podido vender cada año.
El sorgo, un cereal que se cultiva, tanto en esta zona, como en Sinaloa, es hoy en día fuente de sustento de muchos ejidos de esta árida región, que además de las inclemencias del tiempo enfrenta día a día la inseguridad de las bandas de narcos y de delincuentes comunes.
Aunque poco conocido, el sorgo es, según varios estudios, el quinto cereal más importante en la producción mundial, después del maíz, el arroz, la cebada y el trigo. Crece en terrenos secos y soporta las altas temperaturas, así como la salinidad de los suelos. Este cereal es utilizado para alimentar ganado, para la fabricación de cerveza y otras bebidas, así como para biocombustibles como el etanol, y en países africanos es un alimento básico para humanos. En México, el precio de la tonelada es de 2 mil pesos mexicanos (152 dólares, 103 euros)
En el mismo ejido trabaja Eddie Pérez, uno de tantos mexicanos que junto a su familia trabaja la tierra y sobrevive gracias al cultivo del sorgo. La jornada laboral comienza antes de las 5 de la mañana, cuando los gallos anuncian el inicio del día.
Con la trilladora, Eddie separa los granos de sorgo de la espiga. Su labor sólo es interrumpida al medio día, cuando algún familiar o uno de sus cuatro hijos le llevan unos tacos de frijoles y una ensalada de calabazas que también se producen en la parcela.
Mientras que Eddie trabaja de lunes a lunes, su esposa Nora tampoco tiene mucho descanso, entre la limpieza de la casa y la preparación de los alimentos para su marido y sus hijos, Ashley, Carla, Danny y Eddie.
Migración y retorno
Hace dos años, la vida era muy distinta para esta familia tamaulipeca. Residían en el estado de Minnesota, al norte de los Estados Unidos. Allí Eddie fue panadero durante ocho años. La falta de empleo lo había obligado a salir de México y la falta de una visa de trabajo lo forzó a dejar su vida en Minnesota.
Eddie cruzaba la frontera cada vez que iba a vencer su permiso de seis meses como turista en los EEUU. Al ser descubierto por las autoridades migratorias, por su continuo cruce al otro lado de la frontera, él y su esposa fueron vetados para regresar a este país por cinco años. Sólo sus hijos, que son ciudadanos estadounidenses podrían volver, pero no lo harán solos, hasta que lleguen a la mayoría de edad.
La familia en ocasiones recuerda la vida que dejaron “del otro lado”, pero en México "están bien", rodeados de sus familiares y amigos en el ejido, donde se vive un clima de confianza y mutua colaboración.
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Por lo pronto, Eddie seguirá trabajando para producir el escaso sorgo que garantiza que el ganado crezca sano y fuerte. Al fin y al cabo, gracias a la forma de vida de él y muchos mexicanos más, se producirá la carne a la que sólo unos pocos tendrán acceso. Y ellos seguirán allí, donde se clama por más lluvia y los días transcurren sin descanso de sol a sol.
*Un ejido es una propiedad rural de uso colectivo en México, que normalmente se cultiva entre familias.
Fotos: Mario Peralta Texto: Diana Suárez