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Galeano reinventa la historia...la echa a volar

Madrid. Casa de América. Lleno total en el auditorio. Escalinatas, butacas y suelos hubiesen querido ser más amplios. Presentación de rigor para quien ha hecho del rigor una caricatura. Su voz pausada saluda, su humor contagia. La invitación para recorrer esta nueva galería está hecha. "Espejos, una historia casi universal", su nuevo libro, es un conjunto de relatos que se han reunido para reinventar la historia, para celebrar la fiesta de la vida. Aplausos. Silencios que aplauden más. Preguntas del público que no lo agotan. Él también parece haber encontrado respuestas en esas preguntas.

"Somos todos africanos emigrados, viene bien recordarlo en estos tiempos". Con su lucida ironía, el escritor libertario, comprometido, teje un libro de cerca de 600 relatos. Los ha ido reuniendo. Aguzando el oído en una taberna. Sumergiéndose en mares de octavillas, panfletos, cartas, testimonios. Compartiendo un camino con un obrero, un profesor, un exiliado, un inmigrante….preguntando. Incomodando.

Está hecho de jirones, de páginas arrancadas, quemadas, que sólo esa tozudez de comunicar las ha salvado del olvido. Con los náufragos de la historia oficial, Galeano se embarca hacia océanos inmensos, sin fronteras, en los que cada individuo cuenta, en los que no es necesario suplantar identidades. Teniendo como eje los derechos para tod@s el libro es un retrovisor para poder mirar hacia adelante. A la certeza de que la historia no se repite, que no hay nada escrito de antemano. A la esperanza de re crearse. Recrearnos.

El escrito dedica el encuentro a los exiliados de la república española. Les agradece. Les abraza nuevamente. Les saca bailando de su memoria porque fueron ellos, hace muchos años allá en su Montevideo natal, quienes le enseñaron sobre la dignidad de los vencidos y la solidaridad humana. Y con él somos Saharaui sin patria. Palestino bajo la sombra de un muro. Esclavo arrancado de su tierra remando hacia su muerte. Soldado que no tiene nada que ver, ni que ganar en un campo de batalla. Mujer peleona por su derecho a decidir. Preso agarrado a la verja en un campo de concentración. Gitano en Italia. Niño queriendo jugar en una Bagdad bombardeada.

 Y rompe mitos, prejuicios, injusticias, verdades sagradas. A los dueños del mundo los deja solos en sus tableros. En sus catedrales de mentiras sólo se escucha el eco y el títere baila solo en el altar. Los peones. Los peleones. Están  creando. Siempre han creado. Pone en primera plana a los olvidados de siempre, a los vencidos, ninguneados, menospreciados. A los que no son porque no tienen. Y a quienes tienen la valentía de decir No. Galeano coge un catalejo y mira miles de años hacia atrás. Nos sumerge en las cuevas de Altamira. Nos muestra sus espléndidas pinturas. Hechas por los hombres que una vez durmieron, comieron, amaron, soñaron, temblaron entre sus paredes. Y nos regala unas preguntas: ¿Cómo pudieron ellos, esos brutos que a mano limpia peleaban con las bestias crear figuras tan llenas de gracia? ¿Como pudieron ellos dibujar esas líneas volanderas que casi se escapan de la roca y se van al aire?  ¿Cómo pudieron ellos o...     o eran ellas?...   ¿o eran ellas?

Fotos y texto: Gabriel Barrios.